Ojeras y Bolsas Palpebrales

El rostro es la zona del cuerpo que mejor es capaz de expresar las emociones, sentimientos y sensaciones de una persona, lo que lo convierte en una herramienta comunicativa primordial. Por ello, es conveniente que su estado natural no transmita la sensación de que la persona se encuentra cansada, enferma o en mal estado, y en ese sentido, un rostro con ojeras o bolsas palpebrales está generando constantemente este mensaje, al no poder verse más fresco, saludable y juvenil. Por ello, un tratamiento reparador profundo de ojeras y bolsas palpebrales es lo más indicado para mejorar la expresión y aspecto del rostro.

¿Cuál es la causa de los círculos oscuros debajo de los ojos a los que llamamos ojeras? Normalmente, se las describe como máculas pigmentadas, bilaterales, homogéneas, sobre la región supraorbital. A pesar de su relevancia y sus implicaciones estéticas, existen pocos trabajos publicados acerca de su patogénesis. Las ojeras tienen su origen en múltiples factores etiológicos: deposición dérmica de melanina, hiperpigmentación postinflamatoria secundaria a dermatitis atópica o alérgica de contacto, edema periorbital, posición superficial de la vasculatura y enlentecimiento de la microcirculación venosa.

Las bolsas palpebrales, por su parte, están dadas por otras causas. Tanto la grasa periorbitaria como el aumento de líquidos (edema), empuja la piel de los párpados hacia fuera y hacia abajo, formándose las bolsas palpebrales. En general, se forman como consecuencia de una predisposición hereditaria constitucional que se acentúan con la edad. En la vejez, es mucho más frecuente su aparición, como resultado de la propia involución. Las bolsas palpebrales pueden ser también la manifestación externa de dolencias: renales, cardíacas o metabólicas. La piel de esta zona es la más delgada de todo el cuerpo, su espesor oscila entre las 300 y 800 micras y se distiende con facilidad. En general, su espesor es 10 veces menor al del resto de la cara.

La piel del contorno de los ojos, además, se caracteriza por tener muy pocas glándulas sebáceas. La piel periorbitaria, como la del resto del rostro, está sometida con mucha frecuencia a la exposición de los rayos solares. La exposición solar reseca la piel y produce la destrucción de las fibras de colágeno y elastina, lo que produce su envejecimiento, pérdida de elasticidad y aparición de las arrugas. Cualquier aumento de volumen, relajación o descolgamiento que sufran los tejidos que cubre, se manifiestan de forma llamativa. Además, su extraordinaria respuesta a la fuerza de la gravedad hace más visible cualquier cambio en esos tejidos.

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